-Sonríe. Vamos, sonríe. Rectificar es de sabios. Y tú eres exactamente lo contrario.
-¿Y?
-¿No se supone que la ignorancia da la felicidad? Pues sonríe. Vamos, ¡sonríe!
Y no miento, joder. Al menos no así, al menos no a ti. Quizá otro día, en otro lugar, en otra vida, puedas comprenderlo.
Que yo no miento, sólo me equivoco.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)