Muescas.

Retomamos. O al menos yo. Presiento que entramos en un periodo en el que los antaño explotados textos de desahogo se harán necesarios.

No sé si el tiempo en el que no he escrito nada ha sido bueno o malo, ha tenido momentos muy altos y muy bajos. Y se resumen más o menos en una de las reflexiones que me vienen justo antes de cerrar los ojos y despertar al día siguiente, así que sin más...





Porque al fin y al cabo toda persona que pasa por tu vida, te da algo.

Incluso aquellos a quienes no soportamos, los que nos hacen daño, aquellos a los que nunca querríamos parecernos.

Todos nos enseñan algo. A amar, a ser amigos, a apreciar, a reír, a seguir adelante, a confiar... Otros nos enseñan cómo no queremos ser, nos enseñan a desconfiar, a ser más precavidos, a no abrirnos tan fácilmente o a pensar antes de actuar. Pero en el periplo que es la vida todo nos ayuda y nos fortalece, todo nos sirve para algo, y lo complicado está en no hundirse y darse cuenta de ello...


Cada muesca en el cabezal de tu cama significa que has vivido, que has sentido. Puede significar una derrota, un fracaso, una alegría, algo inolvidable...
Puede que hayas estado labrándola mucho tiempo, o que haya sido un simple rasguño, puede que no te decidieras a hacerla o que la hayas hecho muy pronto, pero al fin y al cabo, quiere decir que has vivido, y dime sino, qué es lo importante en esta vida, qué nos queda cuando pasa todo...


Lo importante, es no cerrar la navaja con la que haces tus muescas, y seguir viviendo. Enfrentarse al mundo con la navaja abierta, dispuesto a defenderte, a romper el cordel que te tiene atado todo este tiempo, o a llenar de muchas más muescas tu cabezal. Eso lo decides tú. No te dejes vencer por el miedo o la incertidumbre. No importa para qué emplees tu navaja, importa que la uses, que sigas adelante.


Porque sólo cuando dejamos de sentir dejaremos de existir.



Scratchy.